enero 16, 2013

Hierofanía

¿Cómo reconocer la presencia de un dios?, ¿cómo estar al tanto de su manifestación? Hace ya quince años Mircea Eliade me respondió que la divinidad se manifiesta en lo sutil, el secreto a voces más grande. Vértigo, la divinidad se comunicaba con el mundo a cada momento, el diálogo más hermoso, la conversación más intrigante.
De esos años tengo pocos recuerdos, pero su sola evocación me satura el presente con luz dorada y secretos que se le revelan a los iniciados. Las cosas no eran solo cosas y el mundo me abría las puertas a sus entrañas.
Dejé que entraran en mi círculo vital a aquellos cuyos ojos flameaban, a aquellos que hablaban con el aire y que en el cráneo albergaban a mil aves de fuego. Debí recordar que la divinidad se manifiesta en todos, pero no hace de todos su residencia.
Un día dejé de advertir lo sutil, comencé a notar solo lo palpable, eso parecía importante. La gente a mi alrededor me demandaba eso, yo comencé a demandar eso, estaba en todas partes, lo palpable. En el mundo de lo palpable no habita lo divino.
Estoy hoy aquí, y mi cuerpo me dice en un estremecimiento que deje que le hable el mundo, la cadena inmensa de quienes me han precedido, lo divino. Y aquí estoy, diciéndote que nos encontraremos en lo sutil.



enero 02, 2013

Te quiero regalar: color, asimetría, suspiros, bocanadas, inspiración, nubes...

agosto 24, 2012

Melapia

Me caen muy bien las polillas, con su cuerpecito peludo y enjutado y sus alas pardas. Cuando era niña trataba de salvarlas a toda costa de los niños que las apedreaban o las molestaban mientras descansaban en la pared del salón de clases.
Siempre he estado atenta de lo que mis sueños y el mundo me dicen; a veces escucho nítida la voz de lo que no conozco y a veces apenas detecto un susurro tímido. Un sueño me dijo que a la vuelta del vuelo de una polilla encontraría lo que necesito; a los pocos días una polilla voló frente a los ojos tristemente hermosos de mi extravagante amor de juventud y mi dicha no conoció límites. Nocturna melapia, mi hidalgo en decadencia, con su corte de gatos llorando amores y su desgarbada figura marcando el ritmo de disparo del supraquiasmático.
El primer beso, ese bajo las frondas de las jacarandas somnolientas y las mariposillas nocturnas revoloteándonos, selló mi desgracia. No volvería a querer correr de un amor a otro, de abrazo en abrazo; me unificaste y todas las penas repartidas en cada trozo de mi se hicieron una sola grande y honda. No podría vivir contigo, porque tu amor sofoca y duele, porque te duele el pecho cuando te toco, porque te duele la piel cuando te miro, porque te duelo cuando te hablo con la verdad y te duelo cuando nos quedamos callados y jadeantes, con las sábanas y los sentimientos revueltos porque no queremos que ese instante acabe, porque así es perfecto, y terrible, y amado, y deseado, y siempre añoramos ese momento cuándo no estamos juntos y extrañas mi risa y yo quiero que juegues con mi cabello y me cuentes historias y comience a dormirme y te enfade tener que levantarte porque la realidad toca a tu puerta y ya estamos de nuevo separados y en un rincón guardo la cota de malla para cuándo salgamos a cazar dragones y tu me dispares una flecha y me atravieses la garganta. No podría vivir sin ti porque todo el Universo es tu casa y el patrón de disparo de los núcleos que liberan al REM gritan tu nombre.
Y hace unos días, allí estaba, esa polilla muerta en el baño del Instituto y las lágrimas se me salieron porque se que nada va a ser igual y necesito una guía nueva. Y ahí voy, con mi polilla envuelta con un pedazo de papel y aguantándome las lágrimas porque te estaba llevando a la tierra para que te renovaras como lo hacen esas semillas de las que te hablé que tengo a la mitad del pecho y me sirven para no morirme de tristeza cuando algo dentro de mi se muere, y allí iba la polilla, a la tierra húmeda, no húmeda, anegada porque se estaba cayendo el cielo sobre el sur de la ciudad y recordé otros tantos días de tormenta en tu compañía y lloré porque no se si algún día estarás tras una polilla.

agosto 14, 2012

Con quien se galopa el revés del tiempo

A veces en esas desagradables madrugadas en dónde no puedo dormir tomo el teléfono o mando un tuit   a uno de mis trasnochados amigos. No me causa remordimiento hacerlo porque se que estará despierto, y si maldice o se queja no es nada contra mi, sino que le gusta maldecir y quejarse.
Nunca había hablado de él aquí, es una de mis personas favoritas desde hace varios lustros y en definitiva es alguien que me conoce bien... no sabía que demasiado bien.
Me regaló unas lindas cicatrices y muchas cartas que todavía conservo; podría pensarse que en secundaria todas las cartas son sobre quién te gusta y otras cursilerías propias de la pubertad, pero sus cartas eran muy distintas, hablábamos de nuestros problemas y de lo que nos angustiaba... y de cursilerías también. De esa época nos quedó la costumbre de llamarnos por los apellidos y maldecir a la menor provocación.
Nuestra historia tiene largos periodos de silencio, cacofonías y melodías sombrías; también hemos tenido pasajes festivos y extravagantes. Somos muy orgullosos y nos molesta que alguien intente decirnos qué hacer, e incluso, que nos de un consejo; sufrimos ese orgullo, pero disfrutamos la miseria por la simple razón de que la elegimos... Ando muy sensible, él sabe por qué.

agosto 09, 2012

Y como en la primaria, pido paz

A veces quisiera decir "ya no juego" (es más, lo he dicho), y salir corriendo a atender mi maltrecho sistema límbico. Un ratito para ponerle compresas frías a esa inflamada amígdala, para sentarme a consolar al hipocampo y quitarle el susto al cíngulo; pobre de mi corteza prefrontal, tan maniatada.
Tiempo para lamerme las heridas y aprender de los golpes; dejar de lado esa enferma manía por llevar las cicatrices por delante, como trofeos y advertencias. Al parecer esa madurez aun no llega, quién sabe cuánto más tarde y cuánto más tendré que aguantar (me).
Decir "ya no juego" porque no sabía a lo que jugaba, o creer que siempre lo iba a controlar... nada más ingenuo. Decir (me) en voz alta "yo puedo", "yo entiendo", "yo soy capaz de ponerle una mordaza a la emoción descarriada, a esa emoción que soy yo y actuar de manera utilitaria". Hoy "gozo" de mis retorcidas palabras y lineales acciones.
Siento, y mucho.

julio 07, 2012

Regalo desde el anonimato

Fueron varias ocasiones en las que dijiste no saber de quién hablo en el blog, que a pesar de conocerme, no entendías de quién se trataba. Hice un buen trabajo escondiendo los nombres que ya sabías, soy una maestra en el arte de equivocarme.
Te regalo esta entrada, inequívocamente tuya.
Hace poco entendí que te culpé por todas las decisiones que yo no tomé, tanto las que me correspondían como las que no. Las que iban desde el beso robado hasta nuestras ambiguas permanencias. Me disculpo.
Esta entrada va en tu honor, coloreada con verde absinthe y motitas negras, sonando como a esa suite de Peer Gynt y al clamor de un tren que va a 2046.

junio 16, 2012

II

Porque hay ocasiones en las que la muerte me parece un estado transitorio y me imagino que voy a encontrarte un día, sentado en el sillón de la salita, frente a la ventana; o que te veré caminar hacia mi entre el tumulto del aeropuerto o en el recinto a media luz de una sala de conferencias atiborrada de lenguas que no comprendo; que abriré la puerta y estarás gozando del sol de la mañana. Pero morir es tan definitivo que no alcanzo a comprenderlo, me cuesta tanto entenderlo.
De la misma forma en la que te separas de tu presente y lo dejas transcurrir hacia el olvido, con toda su corte de anhelos, con todas las fantasías, embriones de realidad, para continuar con el presente, para nunca abandonarlo. 
Me aconsejan pensarte como a un muerto, como a un muerto más de todos los que habré de conocer, para los que no tengo un día especial para recordar. Pero cómo mandarte a esa tierra, que pienso como transitoria; ponerte allí, solo me torturaría.
Mis muertos, a los que les hablo sin darles un nombre pero nombrándolos con los labios apretados, que es también como menciono tu nombre cuando nadie me ve, cuando nadie me escucha. Te odio tanto, por no estar muerto y no saber que hacer con tu recuerdo. 
Las historias cíclicas tienen la culpa, nuestra historia cíclica tiene la culpa; ya sacrifiqué besos y entrañas  a semidioses para romper con ellas, ya agoté en estériles noches mis fuerzas sin éxito. Intentaré el camino del perdón y el olvido, tal vez entonces seré yo la que se encuentre un día con todos los muertos.
Mando mis pensamientos al exilio donde todos y nadie se conocen.