enero 11, 2012

fichitas

Con el pasar de los años he acumulado "sistemas de categorización" para hombres, son producto de largas y animadas "sesiones de neneo". No cuantificamos testosterona ni realizamos análisis morfométricos, estas clasificaciones son únicamente conductuales. Cuando construyamos el Instituto de Psicología Pop, todas las clasificaciones serán compiladas y escribiremos un manual, mientras tanto hablaré de algunas etiquetas, de las que me han tocado, de las que he buscado.
Soy adicta a los hombres que caen en los conjuntos "mal hombre", "no mata ratas" y "patán caballero" (tengo que darle crédito a Miss Pelagra, aka Sandrinne y a MP por tan bellos nombres). En mi cabeza suelo re-nombrarlos como "guardianes de la cultura".
Mis guardianes de la cultura pueden sobrevivir cotidianamente sin ayuda de mujeres, tienen la necesidad de sentirse "protectores" aunque sea a mi a la que le toque espantar a la abeja, quitar el ratón muerto, colocarme del lado de la barandilla; han leído a Simone de Beauvoir, aman la ópera, saben tocar al menos un instrumento, cantan, me cantan, saben arrullarme; leen mucho, están mucho tiempo solos, me acompañan al médico, viajan, compran vajillas, leen a Cioran, a Darwin, a Rilke, aman a sus mascotas, arreglan todo con cinta adhesiva y alambres de bolsa de pan.
Son irresistibles a simple vista, cuando te acercas te das cuenta de las grietas en su edificio de perfección. Se vanaglorian de su inteligencia, de creer entender las cosas mejor que los demás, señalan, juzgan, voltean a ver si alguien los mira con desafío -inventadas injurias, el niño lastimado exige que otro hombre pague por las faltas-, creen que alguien se burla de ellos, sienten que deben demostrar que son mejores que sus contemporáneos. Se que es momento de despedirse cuando comienzan a hablar de su imperfección, cuando se derrumban aunque sea por un instante. No quieren testigos, quieren admiradores. Les dije que les quería pero en realidad los amaba, los amo, y se que saber todo esto y no hacer nada para cambiarlo me hace una cobarde.
Todo mundo me dice que mis gustos son excéntricos, poco atinados, qué saben ellos de lo que pasa cuando te encuentras con alguien que no tiene nada que perder y un poquitín de miedo por algunos bichines.

diciembre 31, 2011

Lo que aprendí este año

Las hortalizas se siembran en cuarto creciente, los tubérculos en cuarto menguante; el cabello se corta en cuarto creciente, se depila en cuarto menguante; se prepara la tierra en luna nueva, se cosecha en luna llena. Las nubes aborregadas indican frío, pero más frío viene con los cirros.
No se riegan las plantas a medio día, solo en la mañana o en la noche. Si te digo que te quiero, tu no dirás nada.

noviembre 19, 2011

De rabos y colitas

Y como siempre, hablo de mis perros. Mis manada se compone de otros tres humanos, dos chihuahueños y tres fox terriers, de los cuales dos tienen la colita cortada.
Cuando llegaron a la casa ya no la tenían, les quedaba un muñoncito peludito no más largo que un pulgar. En el mundo de los perros, las colitas son como banderas que indican juego o guerra o un estado relajado y despreocupado, indican alarma, y son indispensables para la comunicación con el grupo. Una colita levantada demasiado erguida no es siempre bienvenida, sobre todo si viene de un extraño. Mis dos terriers compensan la falta de cola con el aroma, la expresión facial y el movimiento de orejas.
En mi casa desconfiamos de las colas levantadas, de las que van muy erguidas. La experiencia nos ha dicho que pertenecen a individuos temerosos que necesitan de la autoafirmación de sus colitas, pero su inseguridad desestabiliza a quienes le rodean. Cuiden de lo que dicen con sus colas.

octubre 18, 2011

Post-it

Para recordar, que cuando tenga que decirte que me humillaste con tu indecisión debo de decirte justo eso, no dar más explicaciones y ahorrarme las metáforas y analogías. Si te escribo, debe notarse la palidez de mis labios y tal vez mis pupilas dilatadas, y en el mejor de los casos deberás notar mi pulso acelerado, así sabrás que mi disgusto es real; el papel puede ser engañoso, como ya lo descubrí, dónde había una petición leías regocijo.

octubre 06, 2011

Sobre esas 4 o 5 personas

Desde que era niña nunca presumí de llevarme bien con todo el grupo en el colegio, la mayor parte del tiempo me llevaba bien con un puñado de personas, consideraba amigos a no más de una decena y trataba de manera cordial al resto. No me entusiasmo buscando a ex-compañeros en las redes sociales, ni me atraen las reuniones de generación que organizan.
Mis amigos siempre han sido pocos, los he conocido en ambientes escolares y profesionales pero en situaciones generalmente extravagantes. Nunca me precipité a acosar a alguien que me llamaba la atención, siempre me tomé tiempo para acercarme.
No se debe entrar en el territorio ajeno sin permiso y siempre he preferido el consentimiento a la mordida. Lo mismo pido.
En un libro de Javier Marías encontré una frase sobre la amistad, en la que hacía referencia a esas 4 o 5 personas a las que sientes la necesidad de ponerlas al tanto de lo que te ocurre. Pareciera que se trata de chisme, de hablar de algo mientras se acompaña a alguien mientras van al cine o comen, beben, fuman, se besan (oralidad omnipresente), pero al menos hoy entiendo que no es así.
Encuentro que después de algún tiempo tienes 5, o 4, o 3 personas a quienes te sientes impelido a contarle tus pensamientos, a compartirles tu vida y a quienes gustoso escuchas. No esperan de ti nada, no tienes que decir nada, no tienes que maquillar nada, no te buscan porque seas el vehículo a una fiesta segura ni quien picha todo. Como me decía mi terapeuta, la admiración va de la mano con el respeto.
Ando sentimental. Para esas 5, o 4, o 3 personas mi agradecimiento y afecto.

septiembre 10, 2011

septiembre

Retrasé más de un mes esta entrada; quise postergar el momento de hablar, como me pasa con frecuencia. Mi abuela tiene Parkinson, Pechina, Pechi, Tita, la Güera, mi abuelita, ella que toda su vida la dedicó al trabajo, al movimiento, está ahora confinada a unas cuantas habitaciones.
Pechi.
No se dónde esté Pechi, no la veo ya en la diminuta mujer que apenas puede levantar la vista y con voz susurrante pregunta por tu identidad. Hace casi un mes tuvo una intoxicación con su medicina, tuvo alucinaciones, insomnio, estuvo muy irritable y le dieron tranquilizantes; cuando volví a verla ya no la encontré por ningún lado.
No se dónde esté mi abuelita, quiero creer que ella se mueve tranquila en los jardines de su infancia y deambula libre por sus parcelas de juventud, que disfruta de los paseos entre recuerdos de todos sus viajes, con la gente que amó y que vienen cada vez que lo desea a acompañarla. Mi abuelita habla de sus muertos, los vivos le resultamos menos interesantes que todo el séquito de distintas épocas y lugares.
Tita, solo quiero decirte que ya no soy una niña, que ya se cuidarme sola; gracias por llevarme al kinder, y por las bolsitas variopintas que me regalaste, gracias por ponerme a desgranar mazorcas y alimentar conejitos, por enseñarme a atrapar pollitos y regresarlos a sus nidos, por enseñarme a hacer fuego y a hacer trampas para palomas y luego dejarlas libres. Espero que no transites hacia el olvido de ti misma, de los que te queremos, en ese camino extraño a la demencia. Espero en tu mundo de cráneo adentro seas libre y feliz.

julio 27, 2011

Armisticio

Tuve que dejar al lado de la pared el bolso y las botas. Me descalcé sabiendo que no tenía que salir aprisa de la habitación. Me quité la cazadora y al dejarla caer escuchaste un sonido metálico pero no preguntaste de qué se trataba. Te escuché llamarme madre, te escuché llamarme padre, escuché el nuevo nombre con el que me traías a la vida, una cuenta más, otra perla.
Tuve que callar y tuve que pedir al silencio ser mi cómplice y ya no mi delator. Contemplaste mi despertar cercano al ocaso, y mi extroversión de media noche, y mi completa sinceridad de madrugada; no le temimos a la mirada fija, ni a las lágrimas, ni le temiste a mis dientes que crueles desgarran, ni le temí a tu atroz sonrisa, ni a tu violencia, ni a tu abandono de toda esperanza. Rendir las armas.
Cada noche intentaba que te fueras, y cada mañana me descubría celebrando que te quedaras; cada noche creía que era la última; marcharme, no decirte nada. Lo logramos.