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julio 27, 2011

Armisticio

Tuve que dejar al lado de la pared el bolso y las botas. Me descalcé sabiendo que no tenía que salir aprisa de la habitación. Me quité la cazadora y al dejarla caer escuchaste un sonido metálico pero no preguntaste de qué se trataba. Te escuché llamarme madre, te escuché llamarme padre, escuché el nuevo nombre con el que me traías a la vida, una cuenta más, otra perla.
Tuve que callar y tuve que pedir al silencio ser mi cómplice y ya no mi delator. Contemplaste mi despertar cercano al ocaso, y mi extroversión de media noche, y mi completa sinceridad de madrugada; no le temimos a la mirada fija, ni a las lágrimas, ni le temiste a mis dientes que crueles desgarran, ni le temí a tu atroz sonrisa, ni a tu violencia, ni a tu abandono de toda esperanza. Rendir las armas.
Cada noche intentaba que te fueras, y cada mañana me descubría celebrando que te quedaras; cada noche creía que era la última; marcharme, no decirte nada. Lo logramos.

mayo 18, 2011

Los contrahechos

In the old days, if someone had a secret they didn't want to share... you know what they did?... They went up a mountain, found a tree, carved a hole in it, and whispered the secret into the hole. Then they covered it with mud. And leave the secret there forever.
Chow Mo-Wan, In the mood for love
A veces alguien me cuenta un secreto, a veces ese secreto se siente como la larva de una avispa, de esas que se comen al huésped y luego re-arreglan su cromatina y las personas dicen "mira, está en metamorfósis" y luego una avispa brillante y nueva sale al mundo.
La gente no siempre está preparada para recibir nuestros secretos, ni nosotros para depositar esa larva incandescente en el cráneo de quienes nos rodean. Sin embargo lo hacemos, es más grande el impulso por acortar distancias, es más grande la necesidad de pedir refugio, comprensión o como una torpe, si, muy torpe muestra de afecto.
Pocos, muy pocos son los que pueden lidiar con ellos, y en algún momento la incomodidad de "eso que solo tu sabes" nubla la vista y oprime en el pecho.
Tal vez solo me pase a mi, y el mundo pueda lidiar bien con ser depositario de los secretos. Tal vez es solo reflejo de la oscura cara que no muestro y que me pesa. Todos los secretos que me han contado han modelado el rostro de mi relación con el mundo; tienen sabores y colores peculiares, aunque muchos estén aderezados con lágrimas o sangre.
Divago, divago mucho hoy, el peso de muchos secretos me oprime.
Mis secretos, esos no suelo enviarlos al mundo, poquitísimas personas los conocen. Tal vez menos aún los comprendan. Sujetos que bajo ninguna circunstancia se reunirán en una habitación, que jamás intercambiarán palabra alguna y que muchas veces negarán conocerme. Secretos contados a quienes no podrán preguntar ya más nada; los eximo de la molestia de verme y mirar una escena que no contemplaron más que en su imaginación.
También hay quienes me sostiene la mirada, me dicen "esta es mi historia" y dejan de verme fragmentada, dejan de ver las cicatrices y las marcas y las quemaduras de cigarro límbicas y exploran esa oscuridad y me dan rutas nuevas para explorarlos, para explorarme y sonríen y dicen "somos los contrahechos".

marzo 20, 2011

Sobre el cuerpo

Todo acaba pasando. La diferencia es que ahora puedo expresar eso que pasa, no sobre la sacudida en los músculos distales y el vértigo sino en ese extraño vaciamiento que ocurre a través del cuerpo herido; el cuerpo que arde, punza, ebulle, supura, sangra, el cuerpo doliente y que duele.
Infancia es destino, y nunca aprendí a exorcizar a ese fantasma que llaman dolor emocional. Las palabras no me alcanzaban y ahora no se me hacen suficientemente precisas; hecho mano a mi lengua secreta para darles localización y forma, y dimensión y temporalidad. Necesito del cuerpo, de ese momento en que el cuerpo duele, de esa breve llaga, de la ubicua fiebre, de la garganta que se desgarra, del dolor que suena como timbales y tambores para vaciarme de la pena de las pérdidas y de la vergüenza de las derrotas.
Después, esa misma herida amanece como si hubiera pasado por el mejor sueño reparador, purificada por lágrimas y sollozos. Entiendo entonces que efectivamente que lo que te lastima, también te hace más fuerte.
Porto con orgullo todas mis cicatrices.