No necesito explicártelo, ya lo sabes. Tal vez lo sospechas pero no tengo certeza de que así sea.
Hay dos opciones, que no me vuelvas a ver o que no te vuelva a ver.
Nos extrañaremos un tiempo, no más de lo que ya nos extrañábamos; tal vez algunas lágrimas de ambos bandos aparezcan. Yo ya te lloré, cuando estabas y no estabas, en abundancia.
agosto 21, 2009
julio 27, 2009
A mi interlocutor callado
He escrito tantas veces sobre volutas de blanco humo, sobre columnas retorcidas de breve vida, pero lo cierto es que más intenso resulta el recuerdo del aroma del tabaco. Acepto que la visión de una mano firme llevándose el cigarro recién extraído de la cajetilla y una cerilla que momentos después le sigue en el camino son seductores, pero más seductor es ese mismo acto si se acompaña por un gesto de entrega (aun momentánea) a la actividad y un total abandono del resto del mundo.
El aroma encadena a su arribo al gusto. El tabaco sin quemar, que al probarlo adormece la lengua y tiene destellos del sabor de tu pecho; el tabaco claro, recién encendido me trae los ojos grises-azulados-verdosos... acuosos y endurecidos. El tabaco fuerte me derriba, me sacude, me violenta el recuerdo con historias confusas llenas de besos furtivos y terribles miradas que invaden y penetran, de mar y lluvias sin final y días que se recuerdan solo en las pocas frases entrecortadas, lapidarias y de mortal filo. Las historias de tabaco fuerte son las de bestias rampantes, de afiladas garras y expuestos afectos, de furtivos y violentos besos que marcan y duelen, saliva lacerando como quemadura de cigarro.
Las volutas son ligeras cortinas que la memoria tiende alrededor de estos recuerdos. Todos son uno. No dejes, amor, de venir con el aroma del tabaco.
El aroma encadena a su arribo al gusto. El tabaco sin quemar, que al probarlo adormece la lengua y tiene destellos del sabor de tu pecho; el tabaco claro, recién encendido me trae los ojos grises-azulados-verdosos... acuosos y endurecidos. El tabaco fuerte me derriba, me sacude, me violenta el recuerdo con historias confusas llenas de besos furtivos y terribles miradas que invaden y penetran, de mar y lluvias sin final y días que se recuerdan solo en las pocas frases entrecortadas, lapidarias y de mortal filo. Las historias de tabaco fuerte son las de bestias rampantes, de afiladas garras y expuestos afectos, de furtivos y violentos besos que marcan y duelen, saliva lacerando como quemadura de cigarro.
Las volutas son ligeras cortinas que la memoria tiende alrededor de estos recuerdos. Todos son uno. No dejes, amor, de venir con el aroma del tabaco.
Etiquetas:
caracola despeinada,
Corvus Corvex,
Demiurgo,
lo insondable,
Polaris,
Señor de la Incertidumbre,
voluta
julio 22, 2009
Descarrilamiento
Eres un cuervo. Meto un dedo a mi boca, caracolas azules emergen en un estrépito de recuerdos y tos.
Llamé amor al canibalismo con mantelería fina, a la pornografía, al coleccionismo de aves de rapiña, floretes y postales luego de que a quemarropa me dijeras que era el amor de tu vida y te marcharas. También yo te amaba. Era tan joven, la piel del interior de mi boca era aun tersa.
Tenías que dejarme libre para poder ir a conocer a todos los hechiceros e ilusionistas, para fingir agonías, para conocerte.
No puedo traerte al mundo a voluntad, asaltas mis pensamientos mientras camino, cuando me fundo en el oleaje de las calles y no puedo detenerme a buscarte entre la gente. Se acaba el día y no quiero saber más de ti pero se que la ensoñación te traerá de regreso.
Llamé amor al canibalismo con mantelería fina, a la pornografía, al coleccionismo de aves de rapiña, floretes y postales luego de que a quemarropa me dijeras que era el amor de tu vida y te marcharas. También yo te amaba. Era tan joven, la piel del interior de mi boca era aun tersa.
Tenías que dejarme libre para poder ir a conocer a todos los hechiceros e ilusionistas, para fingir agonías, para conocerte.
No puedo traerte al mundo a voluntad, asaltas mis pensamientos mientras camino, cuando me fundo en el oleaje de las calles y no puedo detenerme a buscarte entre la gente. Se acaba el día y no quiero saber más de ti pero se que la ensoñación te traerá de regreso.
Etiquetas:
caracola,
Corvus Corvex,
lo insondable
julio 08, 2009
Lo límbico
Comencé a extrañarte. Así de simple, caminaba por el jardín de las jacarandas y recordé tu tacto. La tierra mojada y la sombra me llevaron a otro momento. Detesto recordarte así de nítido, temo hacerlo porque el recuerdo me desgasta los cansados brazos vacíos.
Estás en las conversaciones de mi madre y en la lista de invitados de mi hermana. Quieren ahora hacerte partícipe de la trama cotidiana y yo no logro encontrarte, te desdibujaste y te me perdiste camino a la constelación.
En el tránsito manso de la sincronía a la paradoja nocturna te eriges dueño de mis inertes miembros y del torrente multicolor de mis emociones.
Estás en las conversaciones de mi madre y en la lista de invitados de mi hermana. Quieren ahora hacerte partícipe de la trama cotidiana y yo no logro encontrarte, te desdibujaste y te me perdiste camino a la constelación.
En el tránsito manso de la sincronía a la paradoja nocturna te eriges dueño de mis inertes miembros y del torrente multicolor de mis emociones.
Etiquetas:
lo que trae el verano,
Polaris,
tacto
junio 30, 2009
Borradores archivados I
Avenida de los Insurgentes, 6:30 a.m. LLuvia ligera que parece retrasar indefinidamente la salida del sol. Circuito Escolar, Ciudad Universitaria, una pinta en la Facultad de Arquitectura "... this terrible sorrow".
Avenida de la Reforma, 6:30 p.m. LLovizna y viento. Quisiera retrasar indefinidamente la puesta del sol. No hay pena.
Años de distancia entre párrafos.
Etiquetas:
hjerta,
la Srita. Navaja,
lo insondable,
Polaris
junio 22, 2009
Farfar
Dejé sobre la mesa de noche de mi hermano el Demian de Hesse. Pasaron algunos meses para que él decidiera abrir el libro. Ayer en la noche lo descubrí leyendo, en una de esas noches de insomnio adolescente que a mi tanto me persiguieron.
Mi abuelo lo puso en mis manos gracias a la infinita curiosidad que me aqueja; él había muerto hacia ya varios años pero su biblioteca estaba intacta, inquietantemente intacta. Busqué ociosa entre sus repisas en más de una ocasión, hojeando primero los libros de entomología y zoología, luego los de antropología llenos de láminas en blanco y negro, vinieron los atlas enormes y las enciclopedias técnicas y científicas. Después de haber hojeado por un par de años y luego religiosamente regresar los libros a su anaquel, comencé el pillaje.
No me sonroja declararme culpable de aquellos hurtos, la biblioteca estaría enmohecida y desperdiciada, sin más manos ávidas que acariciaran los lomos secos y carcomidos, sin nadie que se preguntara quién había sido mi abuelo.
La enfermedad se llevó su vista gradualmente, creo que eso le apenaba más que repentinamente quedarse ciego. Le vi leer usando una lupa y sus ya enormes gafas, le vi leer casi adivinando con las manos las grafías más grandes de los encabezados del periódico. No hubo día que mientras conservaba algo de la vista, no le viera leer.
Cuando sus ojos no pudieron proveerle más imágenes, un séquito de cuidadoras e hijos le leía, el ya sea al lado de la cama o sentado en su silla de ruedas escuchaba en silencio. Yo era muy pequeña, hubiera querido saber qué era lo que leía, qué era eso que lo apasionaba tanto.
Hoy no recuerdo cuantas novelas extraje de la casa de mis abuelos, fueron muchas y algunas no soportaron el paso de mi adolescencia vagabunda. Las enciclopedias están a salvo en casa, ahora miran absortas al mundo que no lee libros porque todo encuentra en la red, el mundo sin rigor; no cargué con ningún atlas, eran demasiado voluminosos y denunciaban el robo de manera escandalosa.
Demian saltó a mi maletita sin problema, acompañado creo de La Nausea y un poemario indígena. Así comenzó el viaje de exploración al Universo literario de mi abuelo, con cada viaje un libro bajo la mirada solapada de mi padre. De mi abuelo descubrí el compromiso con su momento histórico, su espiritualidad que aun me inquieta, la sencillez con la que se rodeaba, la ambición por conocer y, a todo esto yo no pude decirle gracias.
Etiquetas:
farfar,
la Srita. Navaja,
libris,
lo insondable
junio 15, 2009
El manual de usuario
Definitivamente no estoy dispuesta a entregar un manual de usuario.
Me desconcierta la idea de tener que explicar mi conducta y traducir mis palabras, es peor que explicar un chiste. Me aburre tener que repetir historias hasta que pierdan el brillo y por sobre todo, entregar el brillo a los devora-historias que más que auténtica empatía no sienten otra cosa más que curiosa morbosidad. "¡¿En serio te dijo eso?!", "entonces siguen siendo amigos a pesar de todo"...
A veces los años hacen sentir erroneamente que se está a salvo del manual de usuario, que entras en la zona de seguridad en dónde si dices "que tengas un buen día" no solo significa lo inmediato.
Puedo contarte mi historia personal solo si en verdad estás dispuesta a escucharla, puedo decirte las cosas que auténticamente siento solo si estás realmente interesado y me haces sentirlo, puedo brincar al vacío contigo sólo si se qué sabes porque debemos dar ese salto.
No soy tan distinta a tí, yo también voy por la vida intentando salvar un corazón.
Me desconcierta la idea de tener que explicar mi conducta y traducir mis palabras, es peor que explicar un chiste. Me aburre tener que repetir historias hasta que pierdan el brillo y por sobre todo, entregar el brillo a los devora-historias que más que auténtica empatía no sienten otra cosa más que curiosa morbosidad. "¡¿En serio te dijo eso?!", "entonces siguen siendo amigos a pesar de todo"...
A veces los años hacen sentir erroneamente que se está a salvo del manual de usuario, que entras en la zona de seguridad en dónde si dices "que tengas un buen día" no solo significa lo inmediato.
Puedo contarte mi historia personal solo si en verdad estás dispuesta a escucharla, puedo decirte las cosas que auténticamente siento solo si estás realmente interesado y me haces sentirlo, puedo brincar al vacío contigo sólo si se qué sabes porque debemos dar ese salto.
No soy tan distinta a tí, yo también voy por la vida intentando salvar un corazón.
Etiquetas:
hjerta,
la Srita. Navaja
Suscribirse a:
Entradas (Atom)