Después del manto de nubes que bloqueó la vista del cielo, y que no me dejó sentir con toda la fuerza el equinoccio, el amanecer de hoy fue un banquete visual. Ya es luz de otoño, ya es luz de octubre, ya casi es mi cumpleaños.
De a poquito me voy desperezando y siento la emoción por el trabajo, y los paseos, y la compañía, por la vida pues... el verano me gusta, pero me aletarga considerablemente. El invierno tiene una luz sucia, a veces hasta vulgar... ilumina sin contundencia. El verano tiene una luz muy cobarde si se le compara con la de otoño.
Me emociono y empiezo a hacer uso de las definiciones basadas en mi sinestesia. La luz de otoño me duele de tan bella, suena en el oído izquierdo como tamborileo en las mañanas; adivino que me duele en la conjuntiva del ojo, y en los recuerdos que retumban en lo más recóndito de mi corteza visual desde 1986... los recuerdos anteriores son meras confabulaciones.
Aunque estoy estornudando más de la cuenta y la garganta grita en mi oído su repiqueteo de irritación, extrañaba ese cielo azul desolación y a la luz que desnuda miedos y deseos.
septiembre 29, 2010
septiembre 09, 2010
120 uur
-Vamos a caminar hasta que encontremos el mar.
-¿Y si nos perdemos?
- Nos damos la vuelta y lo volvemos a hacer.
-¿Y si nos perdemos?
- Nos damos la vuelta y lo volvemos a hacer.
julio 09, 2010
A Luis
Tenia atorado a la mitad del pecho algo así como 3 millones de besos y abrazos para repartir y muchas cosas que gritar y un descomunal arsenal de cosquillas y caricias. Hoy me están aprentando dolorosamente todos los que no pudieron salir; tienen tanto miedo de no llegar a ti.
Etiquetas:
lo insondable,
lo que trae el verano,
Polaris
junio 19, 2010
Sur sum corda
Hace un año perdí a un tutor. He tenido muchos maestros, figuras que me inspiran confianza y respeto, que pueden ser mucho mayores que yo o tan solo unos años separarnos. En su mayoría nada tienen que ver con la Academia, ni con Institución alguna; ellos comen, duermen, caminan, sacan a pasear al perro, hacen el super, se muerden las uñas, olvidan nombres más no rostros, tienen la letra ilegible, pierden los bolígrafos y estrechan las manos con fuerza. Ninguno me ha enseñado a trasmutar el plomo en oro, ni a seducir a los demás para que me den lo que yo quiero; con ellos he aprendido a aliñar ensaladas y a conducir perros, a mirar al cielo para predecir el clima, a doblar bolsas de plástico hasta dimensiones imposibles, a escribir cartas desesperadas ante situaciones desesperadas, a hacer jabón para burbujas y a dejar ir a las burbujas, a colgar dignamente una gabardina de un perchero precario, a meter todo en bolsas de tela, a golpear a puño limpio, a no preocuparme por la ropa que se mancha mientras te arrastras por la hierba, a nunca renunciar a quién te hace sonreír. También perdí un maestro.
Etiquetas:
hjerta,
lo insondable,
Maestros,
sur sum corda
mayo 24, 2010
Patita de perro
Todos quieren sentirse amados, únicos, especiales. Todos buscan atención, compañía, sentido. Casi todos lo buscan en alguien que busca lo mismo. El viaje piel adentro es para todos, para los fuertes, los débiles, los poderosos y los despojados; para los que se sienten felices y los que presumen sus tormentos. Solo lo emprenden los que están dispuestos a renunciar a las promesas de los Otros. Vivo de la promesa que a diario me hago.
abril 22, 2010
22 de abril
El veintidós tiene color azul-verdoso. Pasé los últimos veintidós de cada mes con un vaso de ajenjo, bebiéndome el veintidós, bebiéndome lágrimas de tristeza y de risa (de esas lágrimas que oscilan entre una y otra, que no permiten distinguir estados, que son lo mismo que una carcajada en el rostro cansado que se exhibe a diario en el espejo).
Veintidós y mis tacones se arrastran por caminos harto conocidos, asqueados de los mismos pasos que suenan a marcha patibularia.
Me gustan los números capicúa, me gusta jugar con el orden de las cosas. Primero, segundo, tercero, primero, vigesimocuarto, segundo, trigésimotercero, así a veces suenan los capítulos de una historia que intento re-hacer frente al analista. Me gusta jugar con el orden, te mueres, revives, te mato, nos morimos, te encuentro, te conozco... veintidós, veintidós, veintidós.
El veintidós también sabe a tabaco, a mezcal, a tinta, a sal de mar, a sal de lágrimas, y al final, tiene un gustito tímido a humedad; todo junto, monumental en mi boca.
Juego a escribir otras palabras en vez de las que había destinado para escribir hoy. Escapo a mi refugio en dónde siempre son las once de la noche y puedo traer al presente todo lo que desee. Hoy traje un fragmento de sinestesia pasado por mis obsesiones capicúas.
Puedo darte las buenas noches, oliendo a humedad y sal, vestida como siempre, de verde.
Veintidós y mis tacones se arrastran por caminos harto conocidos, asqueados de los mismos pasos que suenan a marcha patibularia.
Me gustan los números capicúa, me gusta jugar con el orden de las cosas. Primero, segundo, tercero, primero, vigesimocuarto, segundo, trigésimotercero, así a veces suenan los capítulos de una historia que intento re-hacer frente al analista. Me gusta jugar con el orden, te mueres, revives, te mato, nos morimos, te encuentro, te conozco... veintidós, veintidós, veintidós.
El veintidós también sabe a tabaco, a mezcal, a tinta, a sal de mar, a sal de lágrimas, y al final, tiene un gustito tímido a humedad; todo junto, monumental en mi boca.
Juego a escribir otras palabras en vez de las que había destinado para escribir hoy. Escapo a mi refugio en dónde siempre son las once de la noche y puedo traer al presente todo lo que desee. Hoy traje un fragmento de sinestesia pasado por mis obsesiones capicúas.
Puedo darte las buenas noches, oliendo a humedad y sal, vestida como siempre, de verde.
Etiquetas:
la Srita. Navaja,
sinestesia
marzo 16, 2010
Estrofa I
Mírame, que te como con los ojos, no de frente, no sonriendo; te como con la orillita del ojo, en el margen de la retina, y apareces borroso, pero eres todo mío. Mírame, pero mírame como yo no te miro a diario, sino en esos extraños cruces de caminos, en esos descarriados momentos en dónde hablo sin parar, y te ríes sin parar, y tenemos aun el cabello revuelto de ideas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)